Cuando tu sonreías y me hablabas de cualquier cosa,
yo sentía que este momento era el que tanto y tanto había esperado.
Podría perfectamente suprimirte de mi vida,no contestar tus llamadas, no abrirte la puerta de la casa,no pensarte, no desearte,no buscarte en ningún lugar común y no volver a verte, circular por calles por donde sé que no pasas,eliminar de mi memoria cada instante que hemos compartido,cada recuerdo de tu recuerdo,olvidar tu cara hasta ser capaz de no reconocerte,responder con evasivas cuando me pregunten por ti y hacer como si no hubieras existido nunca.
Pero te amo.
Darío Jaramillo Agudelo
Namaskar
Pero a ella ninguna es comparable. Ese es su mérito. No es cuestión del tamaño y el fulgor de los ojos, ni de la lisura de la tez, ni de la carnosidad de los labios, ni de cualquier otra perfección. Sólo viéndola puede comprenderse. Es como un palacio, cuya fachada es tan hermosa que uno no aspira a llegar más que al umbral, y se queda ante ella perplejo y deslumbrado, satisfecho de que lo dejen estar allí, casi saciado ya. Se necesita habituarse, a lo largo de días y días, para acomodar nuestros ojos a su luz. Así es ella...
Antonio Gala
Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.
José Hierro
Inesperadamente tu amor llega a mi vida,
mujer de besos hondos y plenitud creciente,
como brota un retoño de una rama caída,
como en un río seco renace la corriente.
Llegas como las nubes, inesperadamente;
inesperadamente llegas como el verano,
para dejarme el peso de una sombra en la frente
y un dolor de raíces profundas en las manos.
Y es que tu boca alegre me inspira un beso triste,
y en tus ojos cercanos veo un mirar ausente,
porque sé que algún día, lo mismo que viniste,
te me irás de los brazos, inesperadamente...
José Angel Buesa