sábado, febrero 25, 2012

VIENDOTE CALLAR




Levantas la mirada

y hay un peso de grávidas sombras

que sostienes,

un silencio sorprendido

en pleno alimentarse de vuelos.

Nada es tan simple y hondo

como tu silencio

hecho de infinitos hilos de angustia

volando hasta mezclarse

en una limpia trama de lágrimas.

Me pasaría horas viéndote callar,

oyéndote mirar,

palpando tu lejanía de eco en la llanura.

Ni un árbol puede ser como tú:

delgada, con toda una copa

encima del alto cielo.

Fernando González-Urízar

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