no ganas nada con huir de mí
puesto que como dice el título de este poema
pronunciando tu nombre te poseo.
PEQUEÑA rosa, rosa pequeña, a veces, diminuta y desnuda, parece que en una mano mía cabes, que así voy a cerrarte y a llevarte a mi boca, pero de pronto mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios, has crecido, suben tus hombros como dos colinas, tus pechos se pasean por mi pecho, mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada línea de luna nueva que tiene tu cintura: en el amor como agua de mar te has desatado: mido apenas los ojos más extensos del cielo y me inclino a tu boca para besar la tierra.
Pablo Neruda
Voluptuosos, erectos y serenos rendiste cual palomas mensajeras en un ritual de amor y a tu manera tus turgentes y redondos senos. Se me antojaron blanquecinas copas de fina brillantez y de cristal cautivas cuando rodaban albos por mis manos como formas del cielo redivivas, sutiles, suaves, pero siempre ajenos a la lascivia hiriente de mis ojos.
Y en tu pudor de musa pasionaria viví el tenaz fragor de aquél momento para alejarme en honor a tus sonrojos, pero antes, repetí de uno en uno con delicado amor ¡todos mis besos..!
Un cuerpo, un cuerpo solo, un sólo cuerpo un cuerpo como día derramado y noche devorada; la luz de unos cabellos que no apaciguan nunca la sombra de mi tacto; una garganta, un vientre que amanece como el mar que se enciende cuando toca la frente de la aurora; unos tobillos, puentes del verano; unos muslos nocturnos que se hunden en la música verde de la tarde; un pecho que se alza y arrasa las espumas; un cuello, sólo un cuello, unas manos tan sólo, unas palabras lentas que descienden como arena caída en otra arena.... Esto que se me escapa, agua y delicia obscura, mar naciendo o muriendo; estos labios y dientes, estos ojos hambrientos, me desnudan de mí y su furiosa gracia me levanta hasta los quietos cielos donde vibra el instante; la cima de los besos, la plenitud del mundo y de sus formas.
Una esperanza un huerto un páramo
una migaja entre dos hambres
el amor es campo minado
un jubileo de la sangre
cáliz y musgo / cruz y sésamo
pobre bisagra entre voraces
el amor es un sueño abierto
un centro con pocas filiales
un todo al borde de la nada
fogata que será ceniza
el amor es una palabra
un pedacito de utopía
es todo eso y mucho menos
y mucho más / es una isla
una borrasca / un lago quieto
sintetizando yo diría
que el amor es una alcachofa
que va perdiendo sus enigmas
hasta que queda una zozobra
una esperanza un fantasma.
Mario Benedetti
Yo la amé, y era de otro, que también la quería. Perdónala, Señor, porque la culpa es mía.
Después de haber besado sus cabellos de trigo, nada importa la culpa, pues no importa el castigo.
Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo mis labios están dulces por ese amor amargo.
Ella fue como un agua callada que corría... Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.
Perdónala Señor, tú que le diste a ella su frescura de lluvia y esplendor de estrella.
Su alma era transparente como un vaso vacío: Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.
Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera turbadora y fragante como la primavera?
¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío sobre la yerba seca y ávida del estío?
Traté de rechazarla, Señor, inútilmente, como un surco que intenta rechazar la simiente.
Era de otro. Era de otro que no la merecía, y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.
Era de otro, Señor, pero hay cosas sin dueño: las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.
Y ella me dio su amor como se da una rosa, como quien lo da todo, dando tan poca cosa...
Una embriaguez extraña nos venció poco a poco: Ella no fue culpable, Señor... ¡ni yo tampoco!
La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella y me distes los ojos para mirarla a ella.
Sí. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.
Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara, que sería pecado mayor si no la amara.
Y por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella, que tú, que hiciste el agua, y la flor, y la estrella, tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre, tú también la amarías, ¡si pudieras ser hombre!
José Ángel Buesa
amor, la única rosa.y todo queda contenido en ella,
breve imagen del mundo,¡amor!, la única rosa.
Rosa, la rosa... Pero aquella rosa...
La primavera vuelve
con la rosagrana, rosa amarilla, blanca, grana;
y todos se embriagan con la rosa,
la rosa igual a la otra rosa.
¿Igual es una rosa que otra rosa?
¿Todas las rosas son la misma rosa?
Sí. Pero aquella rosa...
La rosa que se aisla en una mano,
que se huele hasta el fondo de ella y uno,
la rosa para el seno del amor,
para la boca del amor y el alma,...
Y para el alma era aquella rosa
que se escondía, dulce entre las rosas,
y que una tarde ya no se vio más.
¿De qué amarillo aquella fresca rosa?
Todo, de rosa en rosa, loco vive,
la luz, el ala, el aire,
la honda y la mujer,
y el hombre, y la mujer y el hombre.
La rosa pende, bellay delicada, para todos,
su cuerpo sin penumbra y sin secreto,
a un tiempo lleno y suave,
íntimo y evidente, ardiente y dulce.
Esta rosa, esa rosa, la otra rosa...Sí.
Pero aquella rosa...
Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte la leche de los senos como de un manantial, por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte en la risa de oro y la voz de cristal. Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal, porque tu ser pasara sin pena al lado mío y saliera en la estrofa limpio de todo mal.
Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría amarte, amarte como nadie supo jamás! Morir y todavía amarte más.
Y todavía amarte más
y más.
Pablo Neruda
Sed de ti me acosa en las noches hambrientas. Trémula mano roja que hasta su vida se alza.
Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas......
Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.Si ésa es la amarra cómo poder cortarla,cómo.Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.
La boca tiene sed, para qué están tus besos.El alma está incendiada de estas brasas que te aman.El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.Y en ella se aniquila como el agua en el fuego.
Pablo Neruda
Cómo voy a creer
- dijo el fulano -
que el mundo
se quedó sin utopías
cómo voy a creer
que la esperanza
es un olvido
o que el placer
una tristeza
cómo voy a creer
- dijo el fulano-
que el universo
es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte
es el silencio
aunque lo sea
cómo voy a creer
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada
cómo voy a creer
- dijo el fulano-
que tu cuerpo
es algo más de lo que palpo
o que tu amor
ese remoto amor
que me destinas
no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos
cómo voy a creer
mengana austral
que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro
cómo voy a creer
- dijo el fulano-
que la utopía ya no existe
si vos - mengana dulce
osada - eterna si vos -
sos mi utopía.
Mario Benedetti
Aquí te amo. En los oscuros pinos se desenreda el viento. Fosforece la luna sobre las aguas errantes. Andan días iguales persiguiéndose.
Se desciñe la niebla en danzantes figuras. Una gaviota de plata se descuelga del ocaso. A veces una vela. Altas, altas estrellas.
O la cruz negra de un barco. Solo. A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda. Suena, resuena el mar lejano. ste es un puerto. Aquí te amo.
Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte. Te estoy amando aún entre estas frías cosas. A veces van mis besos en esos barcos graves, que corren por el mar hacia donde no llegan.
Ya me veo olvidado como estas viejas anclas. Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde. Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta. Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.
Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos. Pero la noche llega y comienza a cantarme. La luna hace girar su rodaje de sueño.
Me miran con tus ojos las estrellas más grandes. Y como yo te amo, los pinos en el viento, quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre